

Análisis de The Witcher III
The Witcher 3 es un vasto RPG de mundo abierto repleto de contenido. Destaca por atraparte no solo con su espectacular nivel visual, sino también con una historia y un elenco de personajes verdaderamente envolventes.


Había que retroceder hasta 2011, con la llegada de The Elder Scrolls V: Skyrim, para experimentar algo similar. Hablamos de esa inmersión total en un universo inmenso y precioso, repleto de lugares inexplorados y aventuras que te superan en opciones. Es el tipo de juego en el que sabes que invertirás meses, olvidándote del reloj en cada sesión.


The Ender Scrolls (Skyrym)
Cuando CD Projekt reveló en 2013 que el tercer capítulo de The Witcher se transformaría en un masivo RPG de mundo abierto —tomando a Skyrim como referencia para intentar superarlo—, la idea nos pareció a muchos una meta inalcanzable. Sin embargo, el asombro llega al comprobar cómo The Witcher 3: Wild Hunt superó con creces esas promesas. El juego no solo cumplió, sino que logró que la joya de Bethesda envejeciera de golpe, superándola en casi todos sus apartados. Por supuesto, esto resultará menos impactante para quienes disfrutaron de The Witcher (2007) y The Witcher 2: Assassins of Kings (2011), pues ya eran conscientes del increíble talento del estudio polaco.
Quienes siguen a la franquicia desde sus inicios son los más indicados para notar el gigantesco salto cualitativo entre los tres títulos, un progreso que desemboca en un colosal juego de acción y rol. Creemos firmemente que esta obra sentará un nuevo precedente en la industria. Lo mejor de todo es que es una experiencia perfectamente accesible para los nuevos jugadores, pero que se convierte en un regalo insuperable para los fans acérrimos de los videojuegos anteriores y de los libros.


Este título demuestra a la perfección que el resultado final es mucho mayor que la suma de sus apartados. Aunque no es impecable y algunas de sus mecánicas podrían pulirse, sus virtudes brillan con tanta intensidad que quejarse de sus pequeños fallos sería buscarle cinco pies al gato. Es un juego que vale cada moneda invertida, especialmente si te apasionan las aventuras inmensas. Destaca enormemente por regalar a los jugadores un volumen de contenido impresionante sin sacrificar nunca el nivel de calidad.


Gracias a una serie de flashbacks interactivos, viviremos en primera persona los acontecimientos que ha atravesado Ciri durante su desesperada huida de la Cacería Salvaje.
Para cumplir el objetivo de adelantarnos a la Cacería Salvaje y localizar a Ciri, deberemos recorrer un mundo descomunal compuesto por tres grandes territorios:
Huerto Blanco: El área más compacta y sencilla, diseñada para que el jugador se familiarice con la aventura.
Velen (Tierra de Nadie): Una región azotada por la guerra y repleta de pantanos lúgubres. Aquí se alza Novigrado, una metrópolis gigantesca que te absorberá por horas.
Islas de Skellige: Un conjunto de islas con una fuerte inspiración nórdica que inevitablemente despertará tu nostalgia por Skyrim.
Durante nuestra odisea para hallar a Ciri, protagonizaremos incontables aventuras, forjaremos nuevas alianzas y nos reuniremos con rostros familiares. Lo verdaderamente destacable, y que debería servir de lección para otros juegos de rol en mundo abierto, es que, a pesar de las infinitas distracciones que ofrece el mapa, la trama central es tan absorbente que siempre desearás retomarla. Por esta razón, The Witcher 3 puede llegar a abrumar un poco; no solo por su inmensa cantidad de misiones secundarias, sino porque casi todas están excelentemente escritas y encajan a la perfección con nuestro oficio de brujo. Es un contenido tan bueno que querrás hacerlo todo, al punto de no saber ni por dónde empezar.


La naturaleza del brujo: Para quienes se adentran por primera vez en la saga 'The Witcher', es vital entender que un brujo y un hechicero son cosas muy distintas. Los brujos nacen como humanos con ciertos dones, pero son sometidos a la letal "Prueba de las Hierbas". Quienes logran sobrevivir a este oscuro ritual mutan y son entrenados rigurosamente para ser cazadores de bestias perfectos. Viven de erradicar criaturas a cambio de monedas, aunque en la época del juego su número ha mermado hasta rozar la extinción. Geralt destaca como uno de los más letales de su orden y, a diferencia del estereotipo mercenario de su gremio, a él lo mueve algo más que el interés económico. Y aunque no dominan la hechicería tradicional, se defienden con las "Señales", una magia básica pero extremadamente eficaz.
La aventura se enriquece enormemente al contar con un protagonista del calibre y carisma de Geralt de Rivia. Su personalidad fuertemente marcada y su complejo trasfondo contrastan radicalmente con los habituales avatares mudos y genéricos de otros juegos de rol occidentales. Con Geralt, es imposible pasar inadvertidos; es toda una institución que genera dinámicas fascinantes tanto con aliados como con rivales, en un mundo donde la línea que los separa suele ser muy borrosa. Aunque el brujo siempre actúa con total coherencia respecto a su oficio y carácter, somos nosotros quienes moldeamos su futuro a través de nuestras elecciones. Todo esto se apoya en uno de los sistemas de decisiones y consecuencias más gratificantes que ha dado la industria, logrando que te sientas como el verdadero motor de la trama.


Un justo reposo para el brujo, pues en este mundo hay tiempo para disfrutar y no todo se reduce a derramar sangre de monstruos y vivir tragedias.
La toma de decisiones trasciende la campaña principal y se extiende a unas misiones secundarias cargadas de múltiples desenlaces. A veces, las consecuencias de nuestros actos resultan tan imprevisibles como devastadoras (llegando a condenar a una aldea entera por error). El título destaca por su profunda madurez: aquí no existen los clásicos caminos de "bueno" o "malo", sino una gama de grises donde a menudo dudarás si el remedio no terminará siendo peor que la enfermedad. Además, se agradece profundamente la naturalidad con la que estas tareas opcionales se conectan con el argumento central, evitando los típicos recados absurdos de ir a buscar hierbas para un desconocido.


Hacer uso de los agudizados sentidos de brujo para seguir rastros ocultos será tu pan de cada día al momento de resolver la enorme cantidad de misterios que esconde el juego.
Asumir el rol de este mercenario cazador de bestias y destructor de maldiciones implica mucho más que espada; pasaremos gran parte del tiempo examinando escenas del crimen como auténticos detectives y regateando nuestras tarifas con los clientes. Aunque discutir la paga no altera drásticamente la jugabilidad, es un toque maestro que refuerza la inmersión en la piel de un protagonista sumamente carismático. Logramos encarnar a Geralt con total naturalidad, sintiendo sus vivencias y adoptando sus modales, un logro de conexión que escasos juegos de rol consiguen, por muy exhaustivos que sean sus editores de avatares.
Cada detalle contribuye a meternos de lleno en este colosal RPG: un guion brillante, la fuerza de los personajes y el peso de los vínculos que Geralt ha tejido a lo largo de dos entregas previas y cerca de diez novelas. Todo esto confluye de maravilla en The Witcher 3: Wild Hunt, dotándolo de una densidad narrativa envidiable. Si es tu primera toma de contacto con la saga, no temas; el argumento se sigue sin complicaciones. El juego te echa una mano con completos glosarios de personajes y bestias que evolucionan contigo, además de infinidad de volúmenes repartidos por el mundo que desentrañan historias, intrigas políticas y tradiciones de forma ágil y entretenida.


En ciertas conversaciones, el tiempo para decidir nuestra respuesta será limitado.
Una advertencia importante: este título exige ser degustado con calma, olvidándose por completo del cronómetro o de una fecha límite para completarlo. Su inmensidad, la abrumadora densidad de su contenido y su mar de conversaciones te empujan de forma natural a perderte por sus paisajes. Resulta ser una experiencia sorprendentemente literaria dentro de la industria, con una narrativa reflexiva que, curiosamente, se combina con un acabado muy cinematográfico, repleto de secuencias cinemáticas sobresalientes. En definitiva, si esperas una aventura de acción vertiginosa, te equivocas de dirección.




El Gwynt: un auténtico vicio dentro del propio juego
El tradicional póker de dados deja paso en The Witcher 3 a una de sus adicciones más grandes: el Gwynt. Este complejo juego de cartas tácticas, con reminiscencias a Magic: The Gathering, nos invita a desafiar a infinidad de NPC por todo el mundo, con especial atención a los tenderos. Conforme avancemos, conseguiremos nuevas cartas —bien comprándolas, bien superando encargos— para armar cuatro barajas diferentes, una por cada facción, aportando estilos de combate únicos. Los amantes de la estrategia con cartas van a perder la noción del tiempo con este vicio.

En términos de duración, completar el juego de forma directa ronda las 50 o 60 horas, pero si decides saborearlo a fondo, las 100 horas de juego se superan con facilidad. Es cierto que no todo el contenido opcional brilla por igual y que la historia principal experimenta algún bajón con tramos un tanto artificiales; sin embargo, el título casi nunca te hace sentir que pierdes el tiempo y siempre guarda un as bajo la manga para asombrarte. Su universo invita a explorarlo sin pausa a través de contratos de brujo, búsqueda de tesoros, torneos de lucha, carreras o vicios al Gwynt. Sus escenarios son auténticas postales visuales, realzadas por un cuidado ciclo de día y noche y unas condiciones climáticas muy dinámicas.




